VINO

Nuevas añadas del Grupo Príncipe de Viana

clunia syrah

Príncipe de Viana acaba de lanzar las nuevas añadas de tres de sus vinos: Clunia Syrah, Clunia Tempranillo y Rioja Vega.

 

 

Clunia Syrah 2011 sorprende un año más por su personalidad única, marcada por su procedencia: los viñedos de la pequeña parcela de La Encina, en Coruña del Conde (Burgos). El resultado es un vino intenso y brillante de color rojo rubí, con un elegante bouquet que nos descubre una gran complejidad de aromas: frutas negras, confitura de moras y ciruelas rojas, notas de vainilla, hoja de tabaco, caramelo y balsámicos. Su paso por el paladar es fiel reflejo de lo experimentado en nariz. Un vino agradable, elegante, suave, armónico y persistente. clunia tempranillo

 

 

Clunia Tempranillo 2011 por su parte, llega dispuesto a seducir a los paladares más exigentes. La uvas utilizadas para su elaboración proceden de la pequeña parcela de El Gerbal, también ubicada en Coruña del Conde. Tras 12 meses de crianza en barricas de roble francés y un reposo de 6 meses en botella, se consigue un vino de intenso color rojo rubí en el que destacan los aromas a frutos rojos, como grosellas y cerezas picotas, además de ciruelas y cassis. Se perciben también aromas de crianza, con notas especiadas y balsámicas. De paso agradable, es un vino redondo, equilibrado, armónico y persistente.

 

 

Los vinos de Clunia han visto reconocida su calidad y marcada personalidad en numerosas ocasiones, tanto en España, como en el extranjero, lo que dada su juventud, indica que este emocionante proyecto deberá seguirse muy de cerca con cada añada.

 

rioja vegaFinalmente, Rioja Vega Reserva también estrena nueva cosecha, la añada de 2008. Con un coupage de 85% tempranillo, 5% mazuelo y 10% graciano, este vino procede de uvas de un viñedo de más de 50 años situado en la ladera de la Sierra de Cantabria, así como de un segundo viñedo situado en la vega de la finca de 12 años de edad. La crianza se realiza en barricas 95% de roble americano y 5% en barricas de roble francés durante dos años. Después descansa un mínimo de 12 meses en botella. Despliega intensos aromas de fruta muy madura acompañada de aromas tostados, caramelo y vainilla. El paladar es goloso y equilibrado, posee una estructura tánica de gran calidad y resulta aterciopelado, con muy buen balance.