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Meritxell Falgueras

Son mis amigos

Meritxell Falgueras

Cada vez que en la radio escuchaba esta canción de Amaral “Son mis amigos” la apagaba. Y ahora sale de mi cabeza como un acto reflejo cuando pienso en Josep Roca y Ferran Centelles. Conocí a Centelles cuando apenas había cumplido la mayoría de edad y venía al Celler de Gelida a comprar “vinos para su padre” al mío. Poco después nos sentábamos juntos en el curso de sumiller. Los dos somos del 81 y éramos los “peques” flipados de la clase. Ferran no paraba de preguntar, tenía esa sed, esa ilusión y un acertado tanto por ciento de ingenuidad, honestidad y humildad, que lo siguen caracterizando. No dudó en aparcar el segundo curso para ir a Inglaterra y Francia a trabajar y aprender. Disfruté de su servicio en El Espai Sucre donde Centelles maridaba a todo ritmo los vinos dulces. Me tocó presentar el Concurso de Mejor Sumiller de Catalunya en 2005 y él quedó segundo. Siempre ha disfrutado al máximo de la profesión, nunca le he visto quejarse, nunca crítica (tal vez por eso no tiene arrugas). Siempre se ha ido formando mientras trabajaba en el Bulli. Conociendo a Juli Soler, no le debió pasar desapercibido ese muchacho. Tal vez aún no era el mejor pero las buenas, formales, educadas, sensibles y geniales personas no son fáciles de encontrar. Así que se lo quedó. Fredy, como lo bautizaron en Cala Montjoí es su apodo para no confundirlo, con el otro Ferran, el Adrià. He podido compartir botellas de sentimientos con él durante viajes, degustaciones, reportajes y concursos. Siempre éramos los que volvíamos antes al hotel, yo para escribir lo que había pasado, él para estudiar. Así se fue sacando, sin alardear de ello, el diploma del Wines & Spirits y ahora el Máster Sommelier. «¿Qué le pasará a Ferran cuando cierre el Bulli?», se decía, a mí no me preocupaba, ha sembrado tanto, ha sido siempre tan amable con todos, que es normal que ahora aparte de colaborar en el blog 7 Caníbales y el club de vinos Wineissocial, la gran dama del vino, Jancis Robinson, lo haya nombrado su catador en España.

El líder espiritual, intelectual, sensorial, ultrageneracional e internacional es Josep Roca. Pitu, siempre, tan paciente para decir, cuando se le pregunta, una palabra justamente preciosa. Su saber estar, su cultura gastronómica y literaria, su capacidad para hablar del vino como de una religión, de la manera más bella tiene muchos admiradores. Esfuerzo, serenidad, poesía, miscitismo, linaje, nariz, paladar… El genial Roca es el máximo sumiller y donde todos aspiran a llegar: a amar el vino con plenitud, felicidad, sabiduría, profesionalidad, originalidad y fraternidad. Lo conocí de pequeña. Mi padre, Toni Falgueras, siempre me decía “es el mejor”. Entonces no lo sabía si lo decía como catador o como persona. Con el tiempo he entendido que son las dos. Trabajé con él en la Asociación Catalana de Sumilleres y lo sigo haciendo en los cursos de sumilleres en Girona. Cuando Marcel Gorgori me preguntó quien podría ser la cara visible del programa de vinos del 33, En Clau de vi no lo dudé, los presenté y estuvimos haciendo tele, él delante de cámara y yo detrás. Clases magistrales, ferias, mails y hasta la presentación de mi libro, donde dio a los asistentes “mi olor” poniendo Podere San Cristoforo en potecitos para los asistentes. Si algo puedo decir de Josep Roca es que no deja nada al azar. No puedo resumir en un artículo todos sus triunfos y hazañas enológicas. Los productores lo aman. Es uno más de los vignerons cuando va a Borgoña (si van a Beaune es fácil encontrar sus fotos en paredes y botellas firmadas). Expresa su alma con los rieslings alemanes. Nunca nuestros vinos han tenido mejor embajador. Con él, nunca el vino ha sido tratado con mayor respeto. “El somni”, la ópera filosófica-gastronómica que hace con Joan y Jordi se presentó en Londres justo el día antes. El día antes de que la publicación británica Restaurant (porque los fuimos ya lo sabíamos) nombrara al Celler de Can Roca, el mejor del mundo. Cuando lo veía en la pantalla, pensaba “son mis amigos”. Sé que este parece más un diario personal que una pieza periodística pero si cuando catamos el vino lo explicamos desde nuestros sentidos, las personas se deberían explicar a través de lo que nos hacen sentir: admiración.