Los sábados, Rubaiyat pone sobre la mesa un atractivo buffet del plato nacional de Brasil.
Cada año, un sábado lluvioso y gris panzaburra, justo en la transición entre el desapacible otoño y el crudo invierno, el restaurante Rubaiyat, sito en la otrora madrileña “Costa Flemig” invita a un grupo de periodistas y divulgadores gastronómicos a un potente y cálida feijoada, el plato que nació en las senzalas, hogares de los esclavos negros, y que desde hace tiempo es el condumio nacional de Brasil.
Tras unas caipiriñas, el banquete ritual se organiza en un buffet donde humean grandes ollas aprovisionadas de frijoles negros, varias carnes, sobre todo de puerco y en preparaciones saladas, ahumadas y frescas, embutidos, cochinillo confitado, mandioca frita, arroz blanco, naranja, couve o acelga, plátano y piña fritos, verduras varias y farofa, que es harina de mandioca o yuca.
Con el surtido elegido en el plato, el comensal se dirige a una de las mesas construidas con una lámina gruesa de la dura y densa madera de ipé, para el reencuentro con colegas y el repaso discursivo de las desventuras respectivas.
Pero el acto, claro, es sólo el banderazo de salida en la oferta que el restaurante pone sobre la mesa cada sábado como alternativa informal de condumio compartido, especialmente interesante y recomendado para familias porque la feijoada se come en varios vuelcos, como el coci o piri castizo, de manera que el almuerzo se convierte en nutritivo, palatal y entretenido juego. Por 36 euros el buffet, all can you eat, se hace infinitamente golosón y en tal se incluyen refrescos para los más pequeños y vino de crianza ligero de las D.O. Toro y Priorato.
Una opción más que interesante y atractiva para darle color a la habitual grisura sabatina del otoño-invierno.
Miguel Ángel Almodóvar