
La zona de producción de la Denominación de Origen Almansa tiene unas características únicas, agrupando términos municipales de 8 localidades que propician el desarrollo de los viñedos y los que serán los futuros vinos.
La calidad de la uva puede variar muchísimo de una zona a otra, por lo que es fundamental adecuar la justificación ambiental de los municipios que forman la Denominación de Origen sobre unos criterios ambientales homogéneos: clima, suelo o altura respecto al nivel del mar.
Superficie de 1445 km2 repartidos entre 8 municipios
Desde 2013, la zona de producción especificada para dar forma a la que es la actual Almansa abarca una superficie total de 1.445 km2 (unas 7.500 hectáreas de viñedo) y estaría definida por los términos municipales de Almansa, Bonete, Alpera, Corral Rubio, Higueruela, Hoya Gonzalo, Pétrola y el Villar de Chinchilla (perteneciente a Chinchilla de Montearagón). Estos municipios difieren de los que integraban la zona de producción en sus inicios en 1966, fecha en la que también Caudete formaba parte de DO Almansa.

La garnacha tintorera, variedad de uva estrella de esta DO, ha ocupado desde siempre en torno al 60% de la superficie de la zona de producción, junto con las variedades monastrel y verdejo para los vinos blancos. En lo que se refiere al reparto de la superficie que compone la DO Almansa, el 50% pertenece a Alpera (con 3.000 hectáreas), a la que le siguen Almansa e Higueruela, con 1.500 y 1.000 hectáreas, respectivamente.
Unas características físicas únicas
Una vez que en 2013 se definieron de manera definitiva las líneas que marcaban la Denominación de Origen Almansa, también se contrastaban las virtudes y similitudes en todas las condiciones ambientales que asegurasen que no existen diferencias destacadas en los productos vitivinícolas conseguidos. Una gran mayoría de los viñedos se encuentran en terrenos llanos, aunque también cabe la posibilidad de encontrar algunas viñas en las laderas de cerros y montes.
El posicionamiento geográfico en la Península asegura a esta D.O. en primer lugar, una cierta altitud respecto al nivel del mar, que se sitúa entre los 700 y 900 metros (a excepción de Higueruela), lo que empieza fijar una homogeneidad topográfica para la zona de producción.

El clima también es característico en todo el contexto de la D.O. y propicia, por tanto, el desarrollo y crecimiento similar de los viñedos. Aquí disponen de un clima mediterráneo, continental y semiárido, donde la temperatura media anual está entre los 11 y 15º (con máximas de hasta 40 ºC y mínimas que pueden llegar a -10 ºC), con lluvias de entre 400-500 mm al año y un periodo de sequía de entre 4 y 5 meses. Por su parte, la orografía también es bastante común, con pendientes en torno al 10% en toda la zona de producción.
En lo que respecta al suelo, éste sería mayormente calizo, pobre en materia orgánica y con poco fondo. Tres tipos de suelos que tampoco difieren mucho entre sí, lo que ayuda a homogeneizar la zona de producción propiciando que se puedan conseguir vinos de aroma e intensidad de color altos:
1. Inceptisoles, localizado en el extremo este de la DO Almansa. Son suelos poco evolucionados, con erosión y en ocasiones poco productivos.
2. Entisols, en la zona central del territorio de producción. Se caracterizan por ser suelos poco profundos y no tan evolucionados.
3. Los Aridisoles, en la zona del oeste. Son más comunes en zonas áridas, con mayor concentración de sales solubles y baja disponibilidad hídrica.
La Denominación de Origen Almansa posee, en su conjunto, una zona de producción con las condiciones idóneas, características similares y originadas por unas peculiaridades ambientales, pero siempre dentro una identidad común que da lugar a unos vinos únicos, de alta calidad y conocidos en todo el mundo.