El primer encuentro de VIR (Viticultores Independientes en Rioja) en Madrid, que tuvo lugar ayer en el Espacio Jorge Juan, reunió a cerca de 500 asistentes a lo largo de la jornada, entre profesionales del sector —enólogos, sumilleres, distribuidores, hosteleros, prensa especializada y otros viticultores— y público general amante del vino.
En total, se cataron más de 150 referencias que mostraron la diversidad, el carácter y la identidad de los proyectos participantes.

La jornada, estructurada en un tramo profesional por la mañana y una apertura al público a partir del mediodía, confirmó el interés por conocer de cerca a quienes están detrás de cada vino. Más allá de las cifras, el encuentro destacó por la intensidad del intercambio: preguntas precisas sobre suelos y orientaciones, conversaciones sobre pueblos y parajes concretos, reencuentros entre colegas del sector y nuevos vínculos que empezaron a trazarse copa en mano.
El ambiente estuvo marcado por la cercanía y la profundidad del diálogo. No fue solo una sucesión de catas, sino un espacio de escucha y reflexión compartida. Productores explicando parcela a parcela el origen de sus vinos; profesionales contrastando impresiones; aficionados descubriendo matices y comprendiendo mejor la relación entre territorio y estilo. Durante horas, el foco estuvo puesto en el viñedo y en la figura del viticultor como eje del proyecto.
Durante la jornada, los viticultores leyeron un manifiesto fundacional en el que reivindicaron el viñedo como “la pieza más esencial del alma del vino” y defendieron una forma de entender el territorio basada en el cuidado, la transmisión y el respeto por el paisaje heredado. En el texto, VIR subrayó su apuesta por una región diversa y plural, donde cada parcela y cada viticultor tenga voz propia, así como su compromiso con un modelo sostenible que garantice la dignidad del trabajo en el campo y el futuro de los pueblos. “No competimos contra nadie, construimos junto a todos”, afirmaron, insistiendo en que el prestigio del territorio no puede desligarse del prestigio de quienes lo trabajan y recordando que “sin viticultores no hay viñedo, y sin viñedo, no hay vino”.